El consumo mundial de drogas es un problema de carácter global, que supone una fuerte carga para los sistemas de salud pública en todo el mundo, particularmente en términos de prevención, tratamiento y atención de los trastornos relacionados con el consumo y sus consecuencias para la salud (ONUDD, 2015).

En el caso particular del cannabis (término utilizado de manera indistinta con el de mariguana en esta guía), la tendencia mundial muestra que en el último decenio el consumo sigue aumentando, lo que a su vez ha incrementado el número de personas que necesitan tratamiento. Además, el cannabis que se consume actualmente puede ser más perjudicial que antes, en virtud de que nuevas técnicas de cultivo han producido un aumento tanto en el número de cosechas, como en el rendimiento y la potencia de esta droga, medida por el grado de concentración de Δ9 tetrahidrocannabinol (THC), (ONUDD, 2015).

En Europa Central y Occidental, la prevalencia anual de consumo de cannabis es de 5.7%, aunque la tendencia al incremento se ha detenido en los países con mayor trayectoria en el uso de esta droga, probablemente como resultado del incremento del consumo emergente de nuevas drogas psicoactivas (sintéticas o de tipo anfetamínico) en este continente. En Asia, el consumo de cannabis parece estar debajo de los niveles globales, aunque sólo existen datos confiables en unos pocos países; sin embargo, ésta es la sustancia ilícita más utilizada en la región, con una prevalencia anual de consumo de 1.9% entre personas de 15 a 64 años de edad. En dos países de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), la prevalencia anual del consumo de cannabis es muy alta, con 10.7%. En África, se estima una prevalencia anual de consumo de cannabis alta (7.5 % de la población de 15 a 64 años de edad) comparada con el promedio mundial (3.9%), y es aún más alta en África Occidental y Central (12.4%). En la Región de las Américas el cannabis es la sustancia ilícita más utilizada, con una prevalencia anual de consumo de 8.4% en población de 15 a 64 años de edad, destacándose el alto nivel de consumo en América del Norte (11.6%), particularmente en los Estados Unidos (EE.UU.), donde algunos estados han aprobado el uso medicinal y recreativo de esta droga (ONUDD, 2015).

El Informe sobre Uso de Drogas en las Américas (2015) refiere el consumo de mariguana en población general. En América del Norte (Canadá y Estados Unidos) la prevalencia del consumo “alguna vez en la vida” (40%) y en el último año (12%) es superior a los reportes de Chile y Uruguay, que son los países con mayor nivel de consumo en Sudamérica, tanto en el uso de “alguna vez en la vida” (20%) como en “el último año” (7% y 8% respectivamente), (CICAD, 2015). Asimismo, en México, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela y República Dominicana, 6% o menos de la población ha usado mariguana “alguna vez en la vida” (CICAD, 2015).

Los países donde la población general percibe que el riesgo por consumo ocasional de mariguana es menor, son los que presentan una mayor proporción de personas que la consumen; así como también hay países donde la población general percibe que el riesgo es mayor y son los que presentan menores niveles de consumo, (CICAD, 2015).

Hay datos que permiten comparar las tendencias en el consumo de cannabis y nuevas drogas psicoactivas: en estudiantes de duodécimo grado en los EE. UU., la prevalencia anual de consumo de cannabis se mantuvo estable en 36.4% entre 2011 y 2013, y disminuyó ligeramente en 2014 a 35.1%, mientras que el consumo del cannabinoide sintético (“spice”) disminuyó casi a la mitad de 2011 a 2014, pasando de 11.4% a 5.8% (ONUDD, 2015). Esta información es relevante, considerando la influencia que pueden llegar a tener los patrones de consumo del vecino país del norte sobre la población mexicana.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones 2011, la mariguana es la droga ilícita de mayor prevalencia de consumo “en el último año” en México, con 1.2% en población de 12 a 65 años de edad, siendo mayor el consumo en hombres (2.2%) que en mujeres (0.3%), (INPRFM, INSP, SS, 2012).

A diferencia de la población entre 12 y 17 años de edad, donde la prevalencia de consumo de mariguana “en el último año” es de 1.3%, en el grupo de adultos de 18 a 34 años de edad la prevalencia es más alta con 1.9%, que contrasta con el grupo de edad de 35 a 65 años de edad donde la prevalencia es 0.6%, (INPRFM, INSP, SS, 2012).

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014 ha informado que la prevalencia del consumo de mariguana “alguna vez” entre estudiantes de secundaria y bachillerato, es de 10.6% (12.9% en hombres y 8.4% en mujeres, mientras que la prevalencia de consumo en el último año es de 7.6% (9.2% en hombres y 6.1% en mujeres). Del mismo modo, por primera vez, se ha informado sobre el consumo de drogas a nivel nacional entre los niños de 5º y 6º grado de primaria, refiriendo una prevalencia de consumo de mariguana “alguna vez” de 2.3% (3.4% hombres y 1.1% mujeres), (INPRFM, CONADIC, SS, SEP, 2015).

Considerando a la población que acude a solicitar tratamiento, los Centros de Integración Juvenil destacan que, a partir de 2013, el consumo de mariguana en la modalidad “una vez en la vida” ha desplazado al consumo de tabaco, pasando de 70.3% en 2008 a 87.8% en 2015 y es la droga ilegal de mayor impacto reportada en 2015 entre los pacientes atendidos por primera vez. Es la sustancia que genera la mayor demanda de atención, así como la de mayor impacto en el año previo a la solicitud de tratamiento y la sustancia más reportada por usuarios en tratamiento en los últimos 30 días, (Gutiérrez A, 2015a, 2015b, 2015c).

Las consecuencias en la salud por consumo de mariguana, son resultado del efecto del THC y el cannabidiol (CBD) en el sistema nervioso. El THC es responsable de la mayor parte de los efectos psicoactivos de la cannabis, incluyendo el “high”. El CBD tiene propiedades antipsicóticas y ansiolíticas que pueden compensar algunos de los efectos psicoactivos del THC (Potter, Clark y Brown, 2008), y se ha sugerido que la potencia de la cannabis no se debe simplemente a la cantidad de THC en la muestra, sino también a la proporción de THC en el CBD, (Morgan C, 2008).

En una fase inicial, el THC suele producir un efecto estimulante (euforia, bienestar, aumento de la percepción, ansiedad) y posteriormente un efecto de sedación (relajación, somnolencia y sueño). En consumidores ocasionales, se afecta la atención y la capacidad de respuesta (Theunissen E, 2012), mientras que en los consumidores habituales son frecuentes los ataques de asma, tos persistente y otros síntomas respiratorios, así como el desarrollo de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), (Winstock A, 2010). Produce irritación en garganta y bronquios (laringitis y bronquitis) debido a que se fuma sin uso de filtro, con aspiraciones más profundas y de mayor duración que con el tabaco, y la temperatura de la combustión es más alta, lo que puede causar cambios precancerosos en las células del epitelio bronquial, además de enfisema bulloso o enfermedad bullosa, (Lee M, 2011).

Fumar mariguana representa un riesgo 20 veces mayor de padecer cáncer de pulmón que fumar tabaco, debido a que el humo se mantiene en los pulmones cuatro veces más tiempo que el humo de tabaco; asimismo, un fumador de mariguana inhala cuatro veces más cantidad de alquitrán y cinco veces más de monóxido de carbono que un usuario de tabaco, (Adlington S, 2013).

Según la OMS, el consumo de mariguana provoca daños agudos en el desarrollo cognitivo, incluyendo los procesos asociativos; también afecta el funcionamiento psicomotor (coordinación motora), la atención dividida y las tareas operativas (D’ Souza, 2009). Puede alterar la sustancia blanca y la integridad estructural por desmielinización, daño axonal o retraso en el desarrollo normal del cerebro, produciendo alteraciones en la atención, la memoria y velocidad psicomotora, (Batalla, 2013). Finalmente, se reconoce el uso de cannabis en la etiología de trastornos psiquiátricos como depresión, ansiedad, psicosis, trastorno bipolar y síndrome amotivacional, (Reece, 2009).

Considerando que el consumo a largo plazo de mariguana puede inducir, tanto dependencia como desarrollo de un síndrome de abstinencia similar al de la nicotina, existen reportes de personas que al intentar suspenderlo presentan irritabilidad, dificultad para dormir, deseos vehementes por consumir la droga y ansiedad, lo que puede dificultar el abandono del consumo, (NIDA, 2015).

Debido al potencial adictivo de la mariguana, se ha advertido que el consumo de esta droga durante la adolescencia aumenta la probabilidad de desarrollar abuso o adicción a otras sustancias, como cocaína y heroína. Por otra parte, el uso medicinal de mariguana sigue siendo controversial, porque todavía no ha sido aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (Food and Drug Administration—FDA). Por ello, es sumamente importante considerar el análisis profundo y basado en evidencia científica sobre los daños a la salud ocasionados por el consumo de esta droga, así como ponderar los posibles beneficios terapéuticos de su uso medicinal, pues luego de la legalización de su consumo en algunos países, la aceptación de esta sustancia se ha visto favorecida entre la población, (NIDA, 2015).

En México, la Ley General de Salud (LGS) ha dado pauta para que en los servicios de salud de todo el país, el consumo de cualquier sustancia psicoactiva sea considerado como un problema de salud, más no objeto de acción penal (Art. 478), estableciendo dosis máximas de posesión para uso personal e inmediato (Art. 479) y dictando medidas puntuales para promover que las personas que usan drogas ilícitas puedan recibir la debida orientación médica o preventiva en instituciones o centros especializados para el tratamiento o para la prevención de la dependencia (Art. 478). En el caso de la mariguana (sativa e indica), la LGS establece que la dosis máxima de posesión para el consumo personal e inmediato es de 5 gramos (Art. 479), (DOF, 2015).

La atención terapéutica de personas que usan drogas no es un procedimiento sencillo ni rápido, considerando que se trata de un problema de salud crónico y que quienes han sido afectados serán vulnerables toda la vida, por lo que podrán necesitar tratamientos en forma continua y prolongada. De ahí la importancia de prevenir la iniciación del consumo, destacando distintos aspectos relacionados con la vulnerabilidad personal y ambiental de los niños y los jóvenes, que en gran medida no dependen de la voluntad del individuo, (ONUDD, 2015).

Por otro lado, cabe mencionar que en todo el mundo existen obstáculos sociales y estructurales que dificultan el acceso de las mujeres a tratamiento por consumo de drogas, si bien uno de cada tres consumidores de drogas es mujer, sólo uno de cada cinco consumidores de drogas que reciben tratamiento es mujer, lo que obliga a considerar estos factores en el diseño de políticas para mejorar el acceso a los servicios con un enfoque de género, (ONUDD, 2015). En México, los datos muestran que “en el último año” las mujeres son quienes presentan el mayor rezago en recibir ayuda para el tratamiento por consumo de drogas, puesto que por cada 2.2 hombres con dependencia sólo se atiende a una mujer, (INPRFM, INSP, SS, 2011).

Asimismo, para la prestación de servicios de tratamiento por consumo de drogas en general, es importante considerar que no todos los casos de sobredosis resultan ser mortales; sin embargo, debido al carácter ilícito de las sustancias consumidas, estos eventos no siempre son debidamente notificados y pueden llegar a ser frecuentes entre los consumidores de drogas, por lo que el riesgo acumulado de muerte se ve aumentado sucesivamente con cada sobredosis, (ONUDD, 2015).

Conforme a los datos en esta sección, se hace evidente la necesidad de instrumentar, desde un punto de vista de salud pública, acciones para homologar la práctica clínica en todas las instituciones del sector salud, en cuanto a la detección, diagnóstico y atención de las personas que consumen mariguana, ya sea de modo experimental, o bien, ya con un patrón de abuso o dependencia.ss-343-16_nc_consumomarihuana_462x275

Sin duda alguna, será útil para favorecer el abandono del consumo y mejorar con ello la salud y la calidad de vida de las personas que usan mariguana, además de aportar un amplio beneficio tanto para las familias, la comunidad y la sociedad en general, debido a que también podrá disminuir el costo sanitario y social que ocasiona este problema de salud.

Para mayor información consulta la GPC Diagnóstico y tratamiento del consumo de mariguana en adultos en primer y segundo nivel de atención

16 thoughts on “Consumo de mariguana. Diagnóstico y tratamiento

  1. hola, hoy que arranca el programa de “Juntos Por La Paz” tienen guías acerca de adicciones? tratamiento de intoxicación aguda, dependencia, abstinencia, CANNABIS, INHALANTES, COCAÍNA Y HEROÍNA? Podria apoyarme con el link de cada una, en el caso que las tengan? Muchas gracias…

    1. Buenas tardes Isabel! En respuesta a tu solicitud, te comparto lo siguiente:

      – Diagnóstico y tratamiento del consumo de mariguana en adultos en primer y segundo nivel de atención. (Liga: http://cenetec-difusion.com/CMGPC/SS-343-16/ER.pdf)

      – Tratamiento general de las intoxicaciones y envenenamientos en niños y adultos. (Liga: http://www.cenetec-difusion.com/CMGPC/SS-714-14/ER.pdf)

      – Diagnóstico y tratamiento de intoxicación por adicción a sustancias de nueva generación en el primer, segundo y tercer nivel de atención. (Liga: http://www.cenetec-difusion.com/CMGPC/SS-667-13/ER.pdf)

      – Prevención, diagnóstico y tratamiento de intoxicaciones agudas en pediatría en el primer, segundo y tercer nivel de atención. (Liga: http://www.cenetec-difusion.com/CMGPC/SS-110-08/ER.pdf)

      Espero te sean de utilidad. Saludos

      1. Hola, no es lo que buscaba pero agradezco la atención y la ayuda. Quizá el segundo paso será que se ponga en marcha la elaboración de GUÍAS QUE ABORDEN EL TEMA DE LAS ADICCIONES en lo general, y en lo particular las principales sustancias. Saludos afectuosos

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