Cada día mueren en todo el mundo alrededor de 800 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto. El alto número de muertes maternas en algunas zonas del mundo refleja las inequidades en el acceso a los servicios de salud y subraya las diferencias entre ricos y pobres. Hay grandes disparidades entre los países, pero también las hay al interior de un mismo país entre personas con ingresos altos y bajos, y entre población rural y urbana.

El mayor riesgo de mortalidad materna corresponde a las adolescentes menores de 15 años de edad, en donde las complicaciones del embarazo y el parto son la principal causa de muerte en la mayoría de los países en desarrollo.

Atendiendo a las estadísticas, las mujeres de los países en desarrollo tienen muchos más embarazos que las de los países desarrollados, por lo que se encuentran en mayor riesgo de muerte relacionada con el embarazo a lo largo de la vida.

Muchas mujeres fallecen por complicaciones que se producen durante el embarazo y el parto o después de ellos. Tan sólo en 2013 murieron en el mundo 289 000 mujeres y prácticamente todas estas muertes se produjeron en países de ingresos bajos y un alto porcentaje de éstas podrían haberse evitado.

La mayoría de esas complicaciones aparecen durante la gestación; otras pueden estar presentes desde antes del embarazo, pero se agravan con la gestación. Las principales complicaciones causantes de 80% de las muertes maternas son: sangrados graves (en su mayoría tras el parto), infecciones (generalmente tras el parto), hipertensión durante el embarazo –preeclampsia- y abortos peligrosos; el 20% restante se asocia a enfermedades como el paludismo o la infección por VIH en el embarazo.

Lo que debemos tener presente es que la mayoría de las muertes maternas son evitables. Las soluciones sanitarias para prevenir o tratar las complicaciones son bien conocidas. Todas las mujeres necesitan acceso a la atención prenatal durante la gestación, a la atención especializada durante el parto y a la atención y apoyo en las primeras semanas tras el parto.

Es particularmente importante que todos los partos sean atendidos por profesionales sanitarios especializados, un tratamiento a tiempo puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Los sangrados graves tras el parto pueden matar a una mujer sana en 2 horas, si no recibe la atención adecuada. Las infecciones tras el parto pueden eliminarse con una buena higiene y reconociendo y tratando a tiempo los signos tempranos de infección. La hipertensión durante el embarazo debe detectarse y tratarse adecuadamente antes de la aparición de convulsiones u otras complicaciones potencialmente mortales.

Para evitar la muerte materna también es fundamental que se eviten los embarazos no deseados o a edades demasiado tempranas. Todas las mujeres, y en particular las adolescentes, deben tener acceso a métodos de planificación familiar, a servicios que realicen abortos seguros en la medida en que la legislación lo permita, y a una atención de calidad tras el aborto.